No es síntoma de nuestros días, la publicidad ya en tiempos romanos la practicaban para anunciar sus profesiones como navegantes, cazadores y hasta los primeros prostíbulos con coloridos mosaicos ya eran reclamos de entonces.

Es en estos momento que nos encontramos en cambios de paradigma global que nos ofrecen, o invitan a que nos subamos al carro de la transformación digital y a formar cada uno su propio mundo dentro del ciberespacio, eso sí siguiendo a las grandes corporaciones que nos abren camino y en sus parámetros establecidos.

Es el momento de compartir, dicen. “La tecnología está en vuestras manos para colaborar y formar un mundo mejor” nos indican, pero ¿cómo es posible cuando tener la tecnología en nuestras manos es un lujo? y ¿cuánto cuesta hacer de nosotros una imagen de marca en un mundo tan solitario y caro?.

Solitario en un mundo de freelance y caro para formarte en el mundo digital y ni que decir poder hacer clientes en un mundo tan distante y frío cómo es la red…

Es aquí que se dieron cuenta que humanos y tecnología eran dos mundos distantes e incompatibles para reclamarnos tanto cambio y tanto mundo irreal y digital por lo que por eso nos invitan a que conectemos en ese mundo desconocido, siendo nosotros y con nuestros semejantes (benditos vídeos de animales que crean engagement) para que no entremos en un mundo tan irreal y frío y lo hagamos con nuestras emociones que nos acompañan y nos invitan a que lo hagamos real.